domingo, 8 de noviembre de 2015

San Francisco.- Sorpresa y admiración

Lo bueno de viajar es que una siempre descubre cosas nuevas. Y vuelve a ejercitar esa capacidad de asombro que una asocia a la infancia cuando cada día nos traía algo nuevo que nos causaba sorpresa y admiración.

Me sorprende de San Francisco la cantidad de mendigos que pueblan la zona centro donde está mi hotel. Me sorprende la cantidad de trastornos psicológicos que padecen y la indiferencia con que los viandantes sortean los cuerpos de los que duermen, fuman o leen sentados en el suelo. Me sorprende lo dependiente que es la gente de
las modas. Conseguir un café por las mañanas es una odisea. Las cafeterías tienen colas enormes. Un día decido acudir a la que menos cola tiene y que además parece una tahona. Descubro enseguida que hay poca espera porque no tiene lugar donde sentarse. Así que, como una bailarina hindu ( los controles de seguridad de los aeropuertos me han dado mucha práctica en esta disciplina) agarro café, bollo, carpeta, iPad y bolso y me instalo en las mesas de metal de Market Square. Mendigos y jovenzuelos hipertecnológicos son mis vecinos. También las palomas que esperan pacientemente por las migas

El sábado decido ir a The Blue Bottle, donde según mi amigo Javier tienen el mejor café. Otra odisea. Una cola inmensa para un café chiquito. Y.... Menos mal que no pido un pastel. Para eso hay otra cola. Y allí, decenas de personas esperan pacientemente de pie y en alerta hasta oír su nombre. Nada parecido a una " relaxing cup of café con leche"  Porque es una recomendación de fuente creíble, si no... Lo que más me enoja es que al rato, recibo un mensaje en mi coreo electrónico preguntándome que valore la experiencia. ¿Cómo han logrado saberlo? Como me decían esta semana en una reunión, la privacidad esta muerta.

Me sorprende el poder de atracción de algunos símbolos ( el viaje en barco a Alcatraz esta completo desde hace meses). Me sorprende lo distintas que son las distintas partes de la ciudad. Sombrío, oscuro, ajetreado durante el día y muerto por la noche ( el starbucks contiguo a mi hotel cierra a las seis de la tarde, eso sí, abre a las 5:30 am, incluso los domingos) el centro. Luminosas, bajas y de colores alegres las casas de tonos pastel típicas  de las calles residenciales. Súper empinadas las calles del centro de la ciudad ( más vale seguir las indicaciones del teléfono para no verse haciendo alpinismo en la gran ciudad) y plana la zona de Marina District ( no en vano fue rellenada hace un siglo y sirvió de pista de aterrizaje a los primeros aviones de Correos que cubrían la distancia de Costa a Costa en 34 horas) . Me sorprende el cartel que encuentro al entrar en el barco que me
advierte de que usan sustancias que pueden resultar cancerígenas, causar problemas de nacimiento o daños reproductivos. Cuando le hago una foto, el guardia enseguida se acerca a preguntarme si tengo algún problema con ello. No Sir.

Me sorprende como en las zonas más turísticas de la ciudad se mezclan turismo y actividad económica. En el pier más turístico y al lado de Scoma's ( un restaurante muy conocido donde, pese a ello comí bien, rápido y con vistas ) se acumulan las nasas. Me sorprende ver un puesto de churros, sí churros, anunciados así en castellano en pleno paseo. Y me causa dudas no ver ningún humo ni percibir ningún olor a fritanga. Me sorprende (e impone) ver en el ascensor un botón que directamente pone "terremoto".

Estoy sentada en la cafetería de The Cliff House, un promontorio colgando sobre el mar en la parte oeste de ls ciudad. Pido un zumo de naranja natural (" Fresh Orange juice") y cuando lo pruebo no es tal. Le pregunto al camarero y me responde que no ha sido exprimido aquí pero sí en algún otro lugar. No puedo evitar recordar la respuesta que una vez nos dio un camarero en Santiago cuando le preguntamos si los postres eran caseros. Él contestó " De alguna casa son". "Casa Duhl, Danone y demás" apostilló por lo bajo mi siempre aguda amiga Marta.

Me sorprendo al conocer que en Alcatraz vivían los oficiales y guardias con sus familias. Los niños tomaban todos los días el ferry a San Francisco para ir al colegio y en sus desplazamientos podían coincidir con los peligrosos delincuentes que eran conducidos a la isla. Me sorprende que frente a calles rectas y derechas nos encontremos con las curvas imposibles de Lombard Street. Me sorprende que aún siendo de noche, haya un buen número de japoneses haciendo fotos a la curvilínea calle.

 Y, vayamos con la admiración. Metros más abajo está la playa donde la gente aprovecha los últimos rayos de sol
y los surfistas las olas. Me admira lo que se parece esto a la Costa de Galicia: el sol poniéndose en el mar, playas de arena fina, olas que dan a entender grandes oscilaciones de marea, farallones y muchos, muchos surfistas (al fin de cuentas esto es California! ). El color de la tierra, sin embargo es muy distinto. Color arena y parduzco, como mucho algunos pinos retorcidos por la acción del viento. Nada parecido al verde intenso de castaños, robles y prados llegando hasta el mar.

Me admira la facilidad con que se produce la conexión con alguna gente. Después de dos meses he estado hoy hablando un buen rato con mi amiga Blanca y es todo un regalo. Parece que hubiésemos estado juntas ayer.

Me admira el Golden Gate. Pasando por debajo una se da cuenta de la envergadura de esta mole que aguanta vientos, nieblas y toda clase de inclemencias durante todo el año. Me admira que haya un ejército de pintores que todos los días repasan el puente colgados a más de 70 metros de altura. 

Me admira la capacidad que tengo para comer bien en cualquier parte. El restaurante State Bird Provisions es toda una revelación con comida cool, trendy y moderna. ¡Tanto predicamento tiene el restaurante que le han hackeado la lista de reservas! Se puede elegir del menú y también de los platos que van sacando de la cocina abierta. Conclusión, que una come el doble de lo pensado. Porque.... Todo está buenísimo. Los mejores dim sum que he probado jamás .

Y hablando de temas culinarios, mi gran descubrimiento californiano es el Boba Tea, bebida de origen taiwanés, a base de té mezclado con fruta o leche. En la base ponen unas bolas de tapioca ( perlas las llaman). Estas perlas se sorben con una pajita muy gruesa y tienen un sabor afrutado y una textura gelatinosa que recuerda a las gominolas. Desde luego que es como una vuelta a la infancia. Espero que esta moda tarde en llegar a España, porque si el khale no me emociona demasiado, las gominolas me chiflan.

El sol ya casi toca la línea del horizonte. La pareja de mejicanos que se sienta en la mesa contigua me pide que les saque una foto, los alcatraces se agrupan en los farallones . Mi camarero se pone nervioso porque llevo media hora escribiendo y solo me he tomado ese zumo de naranja que han exprimido en algún lugar. La gente aplaude porque el sol ya ha desaparecido en el horizonte y el cielo se llena de naranjas y rosas .Será hora de irse. 

1 comentario:

Andres Torrubia dijo...

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